Un sábado por la tarde, dos consuegras Nelly y Luisa, deciden reunirse en el departamento de Rosi (hija de Luisa), ubicado en el barrio Sur, para realizar unas deliciosas burekas. La receta es difícil de explicar, debido a que Luisa, dice que la cantidad de harina que se utiliza para la masa no es exacta, ya que ella agarra y comienza a amasar hasta encontrar su punto.

Mientras tanto Nelly, nos cuenta la llegada de sus abuelos de Besarabia a la Argentina, específicamente a Buenos Aires, en donde estuvieron rodeados por inmigrantes italianos, por lo que le tocó ir hacia donde una vecina para que le enseñara a preparar pasta y a hablar el castellano, él cual no fue tan difícil ya que es muy similar al ladino.

Por su parte Rosi, habla sobre su abuela, una mujer muy hermosa que llegó a ser algo similar a “Miss Orán”, una mujer sefaradí que transmite costumbres y una artesana de la cocina, a lo que otea el horno donde se están haciendo las burekas. Rosi prosigue, para ella la comida es muy importante en la cultura judía, recordando que la aceituna, un huevo duro o una rebanada de pan blanco tenían un gran valor en la época de guerra. Además, la influencia de sus abuelos era grande cuando se trataba del idioma y de las deliciosas comidas con raíz oriental, donde reinaban las almendras, nuez, queso y huevo.

Entre cuentos y anécdotas finaliza la tarde y el aroma que sale del horno, indica que uno de los manjares sefaradíes, las burekas, ya están listas para ser servidas y así dar comienzo a la degustación entre las consuegras y Rosi.