El Kubbeh es el alimento judío popular por excelencia. En principio, se trata de un vocablo árabe que significa “bola”, nombre que bien cae a lo que conocemos como “albóndiga”, sea esta preparada en distintos lugares en base a carne de pescado, aves o ganado de diverso tipo. Venido de Irak y profundizada su preparación en tierras de Israel, el Kubbeh posee presencia, influencias, aromas y presentaciones particulares en buena parte del Medio Oriente, en el fogón levantino, en la región kurda de Turquía, Irán y Siria. Es uno de los platos nacionales en el Líbano y, más, allá, alcanza la mesa y los gustos de la gente desde el Cáucaso y Armenia hasta el norte de África y la península arábiga. Pero allí no se queda y, atravesando el Atlántico, el Kubbeh se vino hacia América de la mano de sirio-libaneses en tiempos del Imperio Otomano. En Brasil se prepara y sirve frito, relleno con un queso derretido llamado requeijão, junto con menta y limón. La presencia de los cítricos como parte del Kubbeh es muy del Kurdistán. Entre Turquía, Irak, Irán y Siria se agrega caldo de limón en su preparación… con tamarindo o tomate.

Por doquier, estas bolas de carne poseen un amplio abanico de uso sobre la mesa, y no se diga de su variedad en preparaciones. De esta forma, el Kubbeh es el principio y fin de diferentes platos y sopas, sobre todo en la que se prepara con tomate y remolacha, dejando expuesto un color rojo intenso que es regalo de la naturaleza de aquellos ingredientes claves. Incluso crudo también es consumido (se llama kibbeh nayyeh, en Irak) ¡Todo un reto al paladar!

Pero en su fuente originaria entre el cercano y Medio Oriente, el Kubbeh llega a la mesa preparado en base al relleno de carne molida de cordero o ternera, previo condimento con hierbas y especias diversas. Se arropa en la mezcla de sémola (cuscús, bulgur) o arroz, y es sumergido en aceite caliente. Claro, en otras tierras todo ello cambia (forma, tamaño, ingredientes) según el país, región o incluso familia de que se trate. ¡Así de versátil es el Kubbeh! Tanto, que algún comensal ha dicho de él que “…sus muchas variaciones darían para una tesis…”. En el caso específico del trabajo en cocina que los israelíes hacen para ofertar este delicioso producto, como parte de su especial tradición culinaria, utilizan harina de matzá (pan sin levadura) y es elaborado con el relleno de costumbre: carne de cordero en combinación con hierbas aromáticas y frutas secas, como ciruelas pasas o albaricoques, agregando piñones y/o almendras. Allí hay mucha carne y sémola… ¡Nada que ver con vegetarianos o veganos! Para muchos viajeros y lugareños, sería Jerusalén el sitio más idóneo al momento de apetecer al Kubbeh. Recuerdan que en un lugar insoslayable, el popular mercado de Mahane Yehuda, este plato se encuentra al gusto y en muchos establecimientos. Así, el Kubbeh se quedó y sembró en el apetito que provoca la comida judía, con énfasis en la época de la Pascua. ¡Mucha salud… y KUBBEH!