¿Cuál es el origen de este plato?

Esta exquisitez no tiene una historia aparentemente definida, registrada y confirmada. Entre las teorías de su origen nos encontramos con que apareció en el siglo VII, en donde dátiles eran machacados con leche, otra leyenda nos dice que en el siglo IX se aplicó la receta para hacer muchos tipos de dulces, con la diferencia que agregaban sémola cocida y pasta de harina.

 El registro confirmado más antiguo de este plato se encuentra en un libro de recetas árabes del siglo XIII; y en ese mismo siglo también podemos encontrar esta receta en un libro de cocina de España.

El Imperio Otomano también se encargó de difundir distintos platillos, en donde se incluyó una de las primeras versiones del halva, con la diferencia que se caracterizaba por ser un dulce basado en sésamo.

Rasgos característicos

Este manjar de los mil nombres proviene de una palabra árabe que significa “dulce”, siendo un platillo que se caracteriza como una pasta que se endulza con distintos ingredientes, dependiendo del tipo de halva; pero es su dulzura lo que le convierte en uno de los platillos judíos más conocidos del mundo.

Y es que si algo caracteriza al halva es que tiene muchísimas variantes, ya que, al llegar a varios territorios, cada uno intenta darle su toque local, volviendo las versiones de las halvas cada vez más amplias.

En sitios como el Oriente Medio es muy común ver halvas a base de semilla de sésamo endulzado con azúcar y miel, y de forma opcional le agregan pasta de coco, chocolate o vainilla.

En la Europa Oriental también es común ver la versión del halva de girasol, que mantienen algunos ingredientes y reemplazan el sésamo con semillas de Girasol.